
Amo los niños, mucho. Me encanta compartir con ellos, juegos, lecturas... Pero un ratito...
En algún momento fuí más mamá que tía y ese rol me calzaba bien. Pero los años pasaron, la paciencia no se acumula y sólo se agota. Hoy no me veo madre y por el contrario, creo transformarme cuando veo que una criaturita de Dios me raya la pared que una semana atrás terminé de pintar y en 2 segundos cronometrados, me desarma la casa: pinta con crayones la cerámica, deja sin funcionar la pc, aplasta a un bebé e intenta alzar a otro sin ningún tipo de ayuda de un mayor. No, no, esto creo que ya no es para mi, o yo estoy mañosa o los nenes de ahora ya no tienen límites: tiran de la cuerda sin piedad de sus pobres mayores, desafían sus palabras y podemos seguir 4 días seguidos enumerando peripecias.
Ah y no me pidas que pasee un domingo por la tarde, cumpliendo el rol de familia feliz en el shopping: la mujer retando a sus hijos que corretean por el centro comercial y el marido con cara de "huevos al plato" y con una lectura clara de sus pensamientos: quien me mandó a meterme en este lugar y con los críos y tener que bancarme el griterío de mis pibes (que quieren toda pavada que ven) y de mi esposa que no para de romper las pelotas también.
Si, confirmado, para ser hombre sólo me falta un pene



